Un inventario que da gusto mirar
Fotografía una cosa y Memono la recorta de su fondo, luego averigua qué es y dónde va. Rara vez queda mucho que escribir. Y si ya tienes una, te lo dice, y te dice dónde vive.
Las cosas están desparramadas en vez de en una cuadrícula, y se quedan donde cayeron, así que una caja se ve igual cada vez que la abres y encuentras lo que buscas por su forma.
Fotografía una cosa y Memono la recorta de su fondo, luego averigua qué es y dónde va. Rara vez queda mucho que escribir. Y si ya tienes una, te lo dice, y te dice dónde vive.
Ordena las cosas en cajas: una habitación, un estante, un armario. Las cajas van dentro de otras cajas, así que un cajón puede estar en su habitación.
Deja entrar en toda la casa a quienes viven contigo, para que todos vean los mismos estantes y una cosa añadida en un teléfono aterrice en los demás. O préstale una sola caja a un amigo, y eso será todo lo que vea. Persona por persona, tú decides si pueden cambiar algo o solo mirar.
Escanea una habitación y Memono la guarda como un mapa que puedes girar en la mano. Di qué caja vive en qué armario y todo lo que hay dentro tendrá un sitio que puedes señalar.
Busca por nombre, por el tipo de cosa que es o por color, aunque nunca hayas escrito una palabra sobre ella.
Di adónde vas y Memono escribe la lista con cosas que ya tienes, y cada línea nombra la caja que hay que abrir y la habitación a la que hay que ir. Compártela y quien también esté haciendo la maleta podrá añadir cosas.
Entregar una cosa hace primero una pregunta: ¿para siempre o solo un tiempo? De cualquiera de las dos formas aterriza en su teléfono como el mismo recorte, con su nombre y su categoría. Un préstamo recuerda quién la tiene y desde cuándo, llama a su teléfono cuando la quieres de vuelta y vuelve sola en cuanto dicen que está de camino. Enviada como enlace se cifra antes de salir, sigue siendo tuya hasta que la recojan y puedes reclamarla.
En un iPhone Pro, el disparo trae de vuelta lo grande que es la cosa, escrito debajo de su nombre. Fotografíala justo desde arriba y también aprende su altura. Centímetros o pulgadas, según de qué lado del metro estés.
Todas las habitaciones que has escaneado están en un mismo plano, y un dibujo plano acompaña al que giras en la mano. Saca la regla y las paredes y los muebles dicen lo grandes que son.
Lanza un aviso y todos con quienes compartes lo ven. Pueden responder con palabras, o mover la cosa a donde estaba de verdad, y tu estante se corrige solo.
Imprime una hoja de pegatinas y pega una en cada caja, luego apunta la cámara al cuadrado para abrirla. O saca la casa entera en un PDF con una foto en cada línea, para un parte del seguro o una mudanza.
Una pregunta entera funciona igual de bien que una palabra clave: dónde están las cosas de invierno, qué hay en el desván. Dicta una cosa en vez de escribirla y deja que los filtros guardados mantengan el desorden fuera de la bandeja de todo.